La desconfianza histórica con el país vecino, por Ricardo Espaillat

Es necesario restaurar la confianza entre nuestros pueblos como base de su relación.

Santo Domingo, – La resolución 2625 de la Asamblea General de Naciones Unidas, del 24 de octubre de 1970, que trata sobre las relaciones de amistad de los pueblos, habla de la necesidad de “fortalecer la confianza entre los Estados”.

En uno de los tantos relatos con que nos deleita Sánchez Valverde en su libro “Idea del Valor de la Isla Española”, cuenta que, en el año de 1714, Mr. Charité, a la sazón teniente Rey de Isla Baca (actual isla Vache), ubicada en la colonia francesa de La Española, visitó la capital de Santo Domingo y el Gobernador y presidente, Don Pedro Niela lo hospedó.

Tras Mr. Charité llegaron algunas balandras, y se colocaron en el puerto una tras otra; en ellas venían tropas disfrazadas, que se quedaron a bordo para no llamar la atención.

Que, llegado el Viernes Santo, una de las balandras no pudo rebasar la desembocadura del Ozama y se tuvo que anclar bajo la fortaleza, porque se vio impedida de avanzar por las fuerzas de los vientos.

El capitán de la balandra rezagada “tuvo la imprudencia” de preguntarle al centinela del puerto si ya estaba gobernando Mr. Charité.

El episodio se divulgó y unos 200 paisanos, reunidos en la Plaza de San Andrés, echaron a Charité y a toda su tropa y los obligaron a “hacerse a la vela en la misma noche”.

El retrato de este evento, sabiamente narrado por Don Antonio Sanchez Valverde, nos indica claramente que la confianza entre las dos partes de la isla se había perdido mucho tiempo antes de que la colonia francesa deviniera en Haití.

La relación entre las naciones, la relación internacional, se basa más que nada en el respeto y en la confianza. Y esta última no ha existido entre la República Dominicana y la República de Haití.

Por tanto, cualquier cosa que hagamos despertará suspicacia en los haitianos. Y cualquier cosa que ellos hagan, igualmente despertará suspicacia en nosotros.

La confianza se construye en el tiempo, y con una serie ininterrumpida de actos, que, creciendo en significación, demuestren cada uno que lo que decimos que vamos a hacer es lo que hacemos y no otra cosa.

La confianza no implica favorecer. Implica que nuestra palabra tiene valor, porque lo que decimos lo hacemos. Independientemente de si se trata de algo que afecta o no al otro implicado.

Pero nunca hacemos lo que decimos. O lo decimos de manera tan ambigua, que hacerlo o no hacer nada tiene el mismo valor desde el punto de vista del compromiso.

Un paso hacia el orden y la generación de confianza lo constituyó la sentencia 0168/13, dictada por el Tribunal Constitucional, donde fijaba una posición clara, sin ambigüedades, con respeto a la dignidad humana, pero buscando resolver el caos producido por la masiva inmigración ilegal hacia nuestro territorio.

Esta sentencia dejó claro que en nuestro país hay un cuerpo legal que debe ser respetado.

Quedaba entonces que todos los dominicanos la asumieran, iniciándose la ejecución de todas las acciones que ella implicaba.

Más de 200 años después la desconfianza persiste entre ambas naciones, a la espera, quizás, de hombres de más palabra y de acción.

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