Cómo enseñar de finanzas a tus hijos

De todos los trabajos que me ha tocado realizar en la vida, sin lugar a dudas, el más complejo, y sin embargo al cual nunca renunciaría, es el de ser padre. Trabajo de tiempo completo, repleto de satisfacciones, cuyo único objetivo es el de entregar a la sociedad un producto de primera calidad, es decir, una persona feliz y útil. Para ello tenemos que enfrentar miles de situaciones, contestar cientos de preguntas, cambiar las prioridades y objetivos de nuestras vidas y quién sabe cuántas cosas más. Esta labor la realizamos regularmente sin quejarnos. ¡Bueno, con pocas quejas! Al final nuestra paga es ver a nuestros hijos en el que creemos es el mejor camino para que tengan una vida plena de satisfacción y felicidad. Al igual que hicimos nosotros, en la mayoría de los casos, nuestros hijos se van a guiar por los valores que aprendan de sus padres. En consecuencia, este trabajo, más que cualquier otro, necesita de predicar con el ejemplo.

Algo que no resulta fácil de enseñar a nuestros hijos es el tema de las finanzas personales y cómo manejar adecuadamente los recursos de que dispondrán. Esto no es teoría, aunque esta ayuda, sino mucha práctica y sobre todo acción. Si nosotros no manejamos adecuadamente nuestras finanzas es difícil, por no decir imposible, enseñar a nuestros hijos a hacerlo, y corremos el riesgo de que al final terminen copiando nuestras malas prácticas y pagando por ello las consecuencias.

Predica con el ejemplo

¿Cómo enseñarles acerca del verdadero valor del dinero si nosotros no se lo damos? La única manera de hacer que nuestros hijos entiendan del verdadero valor del dinero es si nosotros lo manejamos adecuadamente dándole su justo valor a cada peso que nos ganamos.

Un pecado capital en las fianzas personales es “el vaineo”, especialmente si no se tiene ingresos suficientes para costearlo. Llevar un estilo de vida más allá de nuestras posibilidades solo por el hecho de echarle vainas a los demás con los viajes, automóviles o celulares que podemos comprar es una manera rápida de transmitir a nuestros hijos el irrespeto por el dinero. No es que no se deban tener todas estas maravillas que nos permite la modernidad, pero hay que tener cuidado en la forma que lo manejamos, especialmente delante de nuestros hijos y, sobre todo, evitar el endeudamiento excesivo por esta razón.

¿Cuándo debemos hablar de finanzas personales con nuestros hijos?

Excelente pregunta que, desde mi humilde punto de vista, tiene una respuesta sencilla: desde que nacen. No es que le demos una lección del valor del dinero en el tiempo y las consecuencias de manejar mal el crédito, pero sí de practicar a enseñarles desde muy temprano en sus vidas que el dinero tiene un valor, que no se consigue en las esquinas, que nos cuesta mucho trabajo ganarlo, que las tarjetas de crédito no son productoras ilimitadas de dinero y que hay que pagarlas, etc. No se puede esperar a que los hijos lleguen a una mayoría de edad para hablar de finanzas personales porque en la mayoría de los casos puede ser demasiado tarde. ¿Sabe por qué? Porque desde que nuestros hijos nacen el medio les está diciendo consume, consume, consume. Si no lo creen solo fíjense un par de minutos en la programación de Discovery Kids.

Juega con ellos a las finanzas y entenderán el valor del ahorro

Es deber de todo padre jugar con sus hijos. No importa cuán cansado se llegue del trabajo, ellos te esperan con bates, guantes, pelotas, patines, bicicletas, juegos de cocina o videojuegos en mano listos para la acción. Las finanzas pueden ser parte de esos juegos. Le propongo uno: la próxima vez que su hijo le pida algún juguete o artículo dígale que lo van a realizar mediante el juego del presupuesto. Póngaselo como meta. Ahorre hasta alcanzar esta suma y luego vaya con él a comprarlo. Esta es solo una idea para comenzar algo importante: involucrar a su hijo en las finanzas personales y el logro de las metas haciendo uso de la planificación. Enseñarles que las cosas se pueden alcanzar usando el tiempo a nuestro favor y que, aunque ahora no tenemos el dinero suficiente, con el ahorro podemos lograrlo. Al final de cuentas el trabajo de ser padre es cuestión de dedicación, ejemplo, persistencia, compromiso y también de fe.

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