¡Vengan todos a Dominicana!

hace unas semanas hacen desbordar los titulares de prensa; el aborrecible atentado al expelotero dominicano David Ortiz, con intencionalidad o sin ella, eclipsó los titulares de medios generales, deportivos y de sucesos. El Big Papi es como una bandera viviente, un orgullo nacional. David es marca país. Lo que hicieron esos criminales, al herirlo a él, fue agujerear el alma dominicana.

Y la tragedia de casi una decena de turistas fallecidos en nuestros hoteles. Hecho que también me duele profundamente. Me uno al dolor que debe estar destrozando a sus familias. La empatía es necesaria, por eso como la mayoría de quienes experimentan este sentir, espero ver los resultados de una investigación seria que aclare los hechos, contribuya a reparar a las víctimas y de alguna manera allane ese dolor y lo más importante se tomen medidas efectivas para evitar que esto siga pasando.

Sin embargo, al ver el despliegue de los hechos y la forma como lo muestran los medios de comunicación resulta inevitable pensar que estos hechos dolorosos ocurren en un momento en el que República Dominicana sufre algo parecido a una agresión mediática. Ocultar los problemas de un país es irrisorio, el sol no se tapa con un dedo, pero, las estadísticas del Banco Mundial nos ubican como uno de los países menos violentos de la región. En uno de los informes más recientes del Banco Central se indicó que nuestro país ocupa el primer lugar en Centroamérica, el Caribe insular y Sudamérica en términos de ingresos generados por el turismo: ¡más de 7.000 millones de dólares en un solo año! Nosotros somos un pueblo decente, digno, incapaz de fabricar estrategias oscuras. ¿Qué sentido tendría eso? ¿Saben cuántos extranjeros visitaron Dominicana en ese período? ¡Más de seis millones de personas!

No hace falta tener una calculadora ni hacer mucho esfuerzo para entender que las notas de prensa y publicaciones de medios en general a nivel internacional se comete una injusticia cuando sugiere que en mi país se está acabando el mundo. Eso no es así! Hay voces que se alimentan solo de noticas trágicas, y han visto en nosotros la fuente donde obtenerlas, pero eso no define nuestra amplia realidad.

Yo he tenido la dicha de compartir con pobres y ricos, con niños y ancianos, con campesinos y capitalinos; he podido viajar y conocer todos los pueblos y ciudades de República Dominicana, por eso sé de lo que hablo. Siendo una media isla en desarrollo hemos conseguido ser un estandarte en logros. Además de glorias en el deporte, el arte y la ciencia, somos la gran vitrina de exhibición de las playas más hermosas del Caribe, con enormes complejos y paisajes prácticamente vírgenes. Somos sonrisa y alegría eterna. Somos la hamaca de Dios.

En los últimos días he visto a varios colegas referirse al tema. Yo había decidido mantenerme al margen, pero ya no más. En este momento siento que la indiferencia no solo me haría cómplice, sino antidominicano. Sé que la información siempre debe salir a la luz. ¡Siempre! Como artista estoy absolutamente en contra de la censura, pero transmitir los hechos exige una enorme responsabilidad.

Hoy, como dominicano, me ahoga la sensación de sentirme víctima de una campaña comunicacional mediática “perversa” que nos perjudica a todos. Es como si hubiera una competencia por ver quién difunde más noticias sensacionalistas. La realidad de un país no se reduce a eso. ¿Dónde están los datos completos, las cifras y los estudios de instituciones como InSight Crime y el Banco Interamericano de Desarrollo? ¿Por qué no las comparten?

Parece se quisiera confundir a los millones de turistas que nos han dado y nos dan la reputación de ser uno de los lugares más bellos, sanos y alegres del mundo. La misma embajadora de Estados Unidos se refirió hace poco a nuestra tierra como un “destino seguro, tranquilo y en paz para cualquier persona que decida visitarla”.

Es por eso que me gustaría aprovechar este espacio —y ojalá que esto se haga viral— para invitar a TODO EL PLANETA a visitar mi hermoso país. Una tierra bendita que se manifiesta sobre todo en la alegría, un territorio de muchos triunfos, una gema musical de brazos abiertos para bailar y abrazar.

Dominicanos, no permitamos que nadie socave nuestra confianza y nuestra autoestima y nuestra esencia. ¡Vamos pa’lante! Yo defiendo el amor que tengo por mi tierra y lo hago con honor. El mío es un país con serios problemas, no cabe duda: falta educación y más transparencia, tenemos instituciones débiles y hay mucha corrupción, pero este también es un espacio donde la humanidad muestra lo mejor de sí.

Así que, ciudadanos del mundo: vengan todos. ¡Vengan siempre! ¿Saben por qué? Porque los pondremos a gozar y lo más seguro es que regresarán a sus hogares con la satisfacción y el recuerdo imborrable de haberse mecido en “¡La hamaca de Dios!”.

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