“Relaciones fracasan porque elegimos mal o amamos mal”

Durante la primera etapa de una relación de pareja, la de conquista, la persona enamorada trata de seducir al objeto de su amor proyectando lo mejor de sí misma y llenándolo de detalles agradables.

Es, según el psiquiatra y psicoterapeuta Vicente Vargas Lemonier, una actitud muy natural.

“No tiene nada de malo”, dice, pero aclara que tanto el hombre como la mujer deben saber que esa actitud probablemente no se sostenga con el paso del tiempo.

¿Por qué no se sostiene si funciona tan bien al principio? Porque cada miembro de la pareja trae una programación emocional inconsciente cuya génesis se encuentra en su niñez y sus relaciones anteriores. Situaciones que lastiman al niño (que le suceden a él mismo o a sus padres) y que se olvidan, pero no se sanan, se convierten en heridas emocionales que condicionan, de adulto, sus relaciones amorosas.

Un hombre que vio a su madre traicionar a su padre, por ejemplo, puede pensar que ninguna mujer merece su confianza. Del mismo modo, si una pareja te maltrata, eso se convierte en parte de tu programación emocional y afecta tus relaciones futuras.

Por eso, explica Vargas Lemonier, cuando pasa la fase de la conquista y la pareja se enfrenta a las demandas de la vida cotidiana (así como las exigencias que cada uno tiene en función de lo que espera del otro), se producirá lo que el profesional de la conducta llama tensión emocional.

Esa tensión causa problemas en la comunicación, la sexualidad y las relaciones familiares.

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