La mujer en los más altos escalones de las FFAA

Ellas tienen mucho en común: son amigas, se conocen hace mucho tiempo, tres provienen de familias de militares, son profesionales muy preparadas, hablan con completa fluidez, poseen un gran carácter y son las únicas cuatro mujeres que ostentan el rango de General de Brigada de las Fuerzas Armadas Dominicanas.

A lo largo de su vida han asumido grandes retos, han sido pioneras en ocupar posiciones tradicionalmente desempeñadas por hombres, pero lo han hecho con tanta valentía, pasión y entrega que han logrado marcar pautas y ganarse el respeto de sus compañeros, hembras y varones.

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Aseguran que no han sentido discriminación y que sus compañeros del sexo opuesto las respetan, apoyan, protegen y acomodan.

“Siempre he sentido que el militar hombre trata de protegernos.  Los militares son formados con disciplina y con caballerosidad. Por eso probablemente ellos toman la idea de la igualdad más rápido que otros sectores de la sociedad. Nosotras cuatro somos ejemplo de que no hay discriminación”, asegura la General de Brigada del Ejército, Ramona Díaz Morfa.

Lo mismo opinan sus compañeras, las también Generales, Rosanna Pons Peguero, de la Fuerza Aérea; Mayra Duval, del Ejército Nacional, y Mayra Díaz, Contraalmirante  (equivalente a General) de la Marina de Guerra.

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Las generales: Ramona Díaz Morfa, Mayra Duval, Mayra Díaz y Rosanna Pons Aguero

“Existe cortesía y protección hacia nosotras, pero no discriminación ni tampoco favoritismo. Es decir, no nos tratan diferente ni a nivel académico, disciplinario o de escalafón. Trabajamos como un solo cuerpo sin distinción de género. Aquí lo que vale es la capacidad, capacitación, años de servicio y entrega”, coinciden las generales.

Pons asegura que la prueba fehaciente de que la mujer no es un ensayo en las Fuerzas Armadas sino una realidad son ellas y sus trayectorias. “Hubiese sido más fácil para nosotras haber asumido algunos roles muy marcados de lo femenino y lo masculino, sin embargo llegamos hasta aquí sin apoyarnos en esos estereotipos, ni sintiéndonos ni menos ni más porque soy hombre o soy mujer, simplemente asumimos el reto como militares que somos y punto”, afirma sin titubear la General de la Fuerza Aérea.

“Si alguna vez se tomó como una prueba el que la mujer incursionara en este mundo militar tanto en la Marina de Guerra, el Ejército Nacional o la Fuerza Aérea ya no lo es. La mujer está. Es más, no dejo de creer que algún día no muy lejano una mujer llegará a dirigir el Ministerio de Defensa”, sostiene.

“Yo me quedé con un sueño en una mochila”
Cuando Rosanna Pons Peguero se enteró de que había sido designada como oficial de la Fuerza Aérea no sabía cómo decírselo a su familia, sobre todo a su padre, quien durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo fue torturado por militares.

Su padre, Amador Pons, fue un luchador antitrujillista que estuvo preso en las cárceles “La 40” y La Victoria. Hasta le sacaron las uñas, según relata su hija.

Por eso cuando ella le informó que pertenecería a las Fuerzas Armadas él sólo se limitó a decirle: “recuerda que eso me lo hicieron ustedes”. Su madre también le cuestionó que ella les dejara pagar la carrera de arquitectura para luego dedicarse a la milicia.

“Para mí el inicio fue duro. Quién le decía a mi padre que una hija de él podía ser militar”, recuerda, pero sin arrepentirse de haber tomado la decisión, aunque admite que sí ha tenido que hacer algunos sacrificios.

Pertenecer a la Fuerza Aérea le ha permitido explotar al máximo su espíritu aventurero, travieso y subversivo. Afirma que “no hay cosa que no haya hecho en la Fuerza Aérea”.

¿Cuál fue el error?
Relata que su ingreso a la Fuerza Aérea fue por error, porque solo fue a desarrollar un proyecto de arquitectura que había presentado en un concurso y que resultó ganador. Un día alguien le preguntó si quería ser asimilada y ella le respondió que no estaba interesada porque solo estaba allí temporalmente.

Esa persona al parecer la entendió mal y fue designada como oficial, convirtiéndose en la única mujer en tener ese rango en ese entonces dentro de las instalaciones de la Fuerza Aérea. A partir de momento todos sus planes cambiaron.

“Yo me quedé con un sueño en una mochila. Me iba a ir de mochilera como arquitecta con unas amigas a Europa. Ellas se fueron, nunca regresaron. Eso hubiese sido también mi historia”, recuerda.

Pero Pons no se arrepiente, pues asegura que, como muchas mujeres, ha sabido ganarse su lugar y ha enfrentado con entereza los retos que se le han presentado, como ocupar posiciones de hombres.

“Las mujeres dentro de la guardia hemos asumido el papel como es. Yo siempre he estado ocupando posiciones de hombres y destacándome en ellas como mujer. Me he fajado para que se me respete”, destaca.

“Para exigir respeto hay que respetar”
Es abogada. Proviene de una familia de militares. Hace 33 años que pertenece a la milicia, 16 de ellos como General de Brigada del Ejército. Se define como recta y un poco impulsiva e indomable, pero ante todo como mujer y madre.

Disciplina y respeto son dos palabras que pronuncia con frecuencia mientras habla porque fueron parte de su formación y estas son las normas que ella implementa tanto en el ámbito personal como profesional. “Mi padre nos educó que había que responderle: sí, señor; no, señor. La disciplina no era algo extraño para nosotros. A mí me educaron son respeto y disciplina y eso mismo hago con mis hijos”, afirma la General de Brigada del Ejército, Ramona Díaz Morfa.

Díaz Morfa prácticamente ha dedicado su vida a las Fuerzas Armadas y aunque esto requiere entrega total, ella ha podido compaginar su compromiso con el país con otras funciones y su vida familiar.

“Yo ante todo soy mujer, mi familia es mi familia. Soy una madre completa, si le tengo que hacer una comida a mis hijos y a mi esposo se la hago con mil amores. Como cualquier otra mujer”, asegura.

Díaz Morfa afirma que siempre hace lo posible para, como toda mujer, asumir las responsabilidades de su hogar y cumplir con su rol de madre, lo que siempre anheló.

“En mi mente, en mi corazón, en mi ánimo, siempre estuvo ser madre. Desde que era niña decía que si no me casaba tendría un hijo o que si no podía tenerlo, lo adoptaba”, expresó la General. Este sueño se le hizo realidad, pues fue bendecida con tres hijos (tres hembras y un varón).

Díaz Morfa asegura que como militar no ha hacho sacrificios extraordinarios, sino los mismos que hace cualquier mujer que trabaja y reparte su tiempo en diversas actividades.

“Entiendo que no he sacrificado nada. Uno tiene que repartirse el tiempo, como todas las mujeres que trabajan. En cualquier trabajo hoy en día hay que dar la milla extra”, opina.

Valoración
Díaz Morfa asegura que siempre ha recibido buen trato por parte de sus compañeros varones, quienes la respetan y la ayudan en lo que sea necesario. Entiende que esto no es sólo por ser mujer, sino porque ella se lo ha ganado porque también les trata de la misma manera.

Su convicción es que como superior tiene que dar el ejemplo y que para exigir respeto hay que respetar. Considera que esto aplica para el ámbito militar y todos los ámbitos de la vida.

Ordenó el arresto de su propio hijo
S e puede dar el lujo de decir que es la única mujer con el rango de Contralmirante en el país, grado militar del escalafón de oficiales de la Marina de Guerra equivalente al de general de brigada en los ejércitos de tierra o en las fuerzas aéreas.

 

“Soy celosísima con ese rango”, expresa categóricamente Mayra Díaz, actual inspectora general del Dirección Nacional de Investigación (DNI), quien también expresa sin miedo a equivocarse que la milicia es una vocación que lleva en la sangre.

“Yo fui guardia desde niña. A la armada llegué por mi padre quien fue también médico militar. Ingresé como raso a los 17 años, así fui escalando hasta hoy. Aunque soy médico sexóloga, mi profesión es ser militar. Soy más militar que médico”.

Dice que si alguien quiere dedicarse a cualquier cuerpo castrense debe tener don de mando, vocación de servicio, disciplina y preparación.

“Hice todos los cursos que un militar puede hacer. Fui de la primera generación del Curso de Comando Militar. Fue realmente duro dividir el tiempo; siendo en mi caso médico, madre y  esposa. Tengo tres hijos para la patria- dice entre risas- porque son los tres militares”, y con mucha alegría aclara que aunque su esposo también es militar del Ejército Nacional, sus hijos decidieron por ellos mismos pertenecer, a lo que ella define, como su ‘amada Marina de Guerra’.

Puntualiza que nunca ha sentido que le han faltado el respeto por ser mujer. “Es que el respeto se lo gana uno con su forma de liderar y el trabajo diario”.

Disciplina sin excepciones
Confiesa que uno de los momentos más duros que tuvo como madre, pero que tuvo que afrontar como militar que es desde hace 36 años, fue apresar a uno de sus hijos.

“Uno de mis hijos en la universidad extravió la cédula y el carnet militar, y como parte disciplinaria que soy, a mi propio hijo le impuse la sanción correspondiente. Duró 11 días preso. Yo siempre he sido muy recta y dura y con ellos no soy la excepción. Los tres decidieron ser militares, nadie se los inculcó, ellos vieron ese ejemplo en su padre y en mí e hicieron su elección”, enfatiza.

“No les permito indisciplina a nadie. Dentro del recinto militar nosotros no somos familia, no tienen comodidades ni preferencias, son tres militares más”, cuenta con una singular valentía y respeto a la profesión que vive y honra con entusiasmo cada día.

“La milicia es parte de lo que soy”
Mayra Duval es oriunda de San Pedro de Macorís. Se define como una mujer con un gran humor pero de carácter fuerte. Tiene 35 años de servicio militar. Es pediatra y perinatóloga de profesión y General de Brigada del Ejército Nacional por pasión.

“Yo vengo de una familia militar muy humilde, mi papá fue guardia de la vieja escuela. La vida militar siempre fue parte de lo que soy. Mi mamá, que falleció hace apenas un mes, siempre nos decía a mi hermano y a mí que podíamos superarnos pero siempre por la derecha, con orden y disciplina”, relata Duval.

Desde pequeña, narra, quiso  estudiar y progresar y desde que se graduó de bachiller entró a la universidad.

“Mi mamá se oponía totalmente a que fuera médico, pero eso era lo que yo quería. Estudié medicina, luego me especialicé pediatría y luego en perinatología. Ingresé al Hospital Central de las Fuerzas Armadas. De ahí fui escalando poco a poco hasta llegar al más alto rango del recinto de salud militar”, manifiesta con humildad.

La General fue coordinadora de enseñanza por diez años consecutivos en el hospital. Luego jefa del Departamento de Pediatría y Perinatología. Después fue ascendida de asimilada a Capitán del Ejército.

“Siendo ya capitana me llamaron  en el año 1996 para ocupar el cargo de encargada de servicios médicos en el Despacho de la Primera Dama. De ahí fui ascendida a General de Brigada y del 2011 al 2013  me desempeñe como Directora General del Hospital Central de las Fuerzas Armadas, después de 25 años de servicio ininterrumpido”.

Su gran desafio
Duval fue la primera mujer, y la única hasta la fecha, en dirigir el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, y afirma que fue un gran reto pero lo asumió con confianza porque conocía ese recinto “como la palma de mi mano”.

“Recuerdo que cuando llegaban cartas con el nombre de director, yo las devolvía añadiéndole una A en mayúscula, para que se entendiera que era directora que había. Nunca olvido una vez que viajamos a un hospital de San Diego, en Estados Unidos, cuando llegamos el director de aquel centro de salud no creía que yo era la directora, miraba entre los hombres que me acompañaban buscando una figura masculina y volvía a preguntar que quién es el director y me presentaban como la encargada, pero él seguía preguntando sorprendido”, rememora con  tranquilidad y satisfacción porque afrontó con valentía esos obstáculos que la hicieron merecedora del rango de General que desde el 2009 porta con orgullo y amor por lo que ha sido su pasión desde la niñez.

Fuente: Listin Diario

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